DÍA 9

¿Recordáis que os dijimos que nos encantó Ayutthaia? ¡Pues Sukhotai nos gustó tanto o más! Por la mañana, bien temprano, alquilamos una moto como ya venía siendo costumbre en Tailandia y caminito a las ruinas.

La vieja Sukhothai está formada por los restos de una antigua capital del siglo XIII y XIV entre los que se puede encontrar el palacio real y varios templos y esculturas diseminados alrededor. Se divide en 5 zonas: Central, Norte, Sur, Este y Oeste; cada una con una entrada independiente de (100 THB). El viajero avispado puede usar la entrada de una zona para entrar a otra y no suelen darse cuenta. O eso nos han dicho... 

Nosotros visitamos las dos zonas que más nos recomendaron, la Central y la Norte y la verdad es que ambas son espectaculares. A diferencia de Ayutthaya, el interior de los complejos de ruinas no se puede visitar en moto, hay que dejarla en la entrada, pero entre una zona y otra sí que se puede. Hemos leído que hay quien lo hace en bicicleta pero nosotros, al haber alquilado la moto para llegar desde nueva Sukhotai, lo hicimos entre en moto y a pie y no tuvimos problemas.

Al volver a Sukhothai, después de un largo día, decidimos darnos uno de los famosos masajes tailandeses (150 THB) para descubrir que la fama está mucho más que merecida. Se puede elegir entre muchas variedades de masaje pero resumiendo los hay dos tipos: el masaje que te desmonta pero sales como nuevo y el masaje suavecito que te relaja.

 

Luego, nos encontramos con que estaban jugando un partido amistoso el Barça y el Bangkok y vimos un trozo en la terraza de un bar con proyector enorme. Luego cena en un excéntrico restaurante y a la estación de autobuses a coger un bus nocturno en dirección a Chiang Mai. El autobús tenía que salir a las 22.00 pero no apareció por la estación hasta las 2.30 de la madrugada. ¡Qué alegría! Al menos, en la estación conocimos a unos españoles que volvían de Chiang Mai y nos recomendaron hacer un trekking por la zona. En días futuros veréis que les hicimos caso y valió la pena. Una vez en el autobús no terminó la pesadilla. Fue imposible conciliar el sueño... Bueno, a Dani no. ¡Él duerme en cualquier lugar!

Bitácoras

de mochilero