S. P. - DÍA 4

Este era el último día que teníamos para visitar la ciudad así que intentamos hacer todo aquello que nos había quedado pendiente.

 

La primera parada fue la catedral de San Isaac (250 rub), que tiene la 4ª cúpula más grande de Europa. Esta catedral está reconvertida en una especie de museo con maquetas sobre su construcción y obras de arte cristianas. Al mismo tiempo, parece que una parte de la misma sigue siendo funcional ya que mientras la visitamos, en un rincón apartado presenciamos un bautismo. La catedral es enorme por dentro y preciosa pero comparada con otras que pudimos ver en Rusia no estaría entre las mejores. Luego subimos a la cúpula (150 rub) por una entrada diferente porque la guía nos había recomendado las vistas. Ver San Petersburgo desde arriba es bonito pero tampoco fueron unas vistas que te dejaran sin habla.

Después fuimos al Palacio Moika o Palacio Yusúpov (700 rub adulto, 500 estudiante; audioguía gratuita), el lugar en el que asesinaron a Rasputín. Aunque es mucho más pequeño y discreto que los grandes palacios de Peterhof o Catalina, tiene unas habitaciones maravillosas y si tenéis tiempo, vale mucho la pena visitarlo. En especial es muy bonito el pequeño teatro privado de la familia. Por la tarde, de 17.00 a 18.30, abren otro grupo de habitaciones (dónde asesinaron a Rasputín) con una exposición sobre los misteriosos incidentes de la noche en la que lo mataron, pero no pudimos ir.

Para no perder tiempo, cogimos algunas pastas para comer de camino a la Fortaleza de Pedro y Pablo, la primera construcción de San Petersburgo.

 

Es una pequeña isla con una ciudadela amurallada con varios edificios dentro y 5 sitios de interés principales: la catedral de San Pedro y San Pablo, la prisión de la fortaleza, el museo de la historia de San Petersburgo, el museo de historia de la ciudadela y el museo de la ciencia espacial. Existen tiquets separados para cada visita pero lo mejor es comprar la entrada conjunta (600 rub adulto, 350 estudiante; 400 audioguía) que ya queda amortizada solo con visitar la catedral y la prisión. Primero fuimos a la catedral, que a pesar de ser bastante modesta, es un lugar importantísimo ya que en ella están enterrados casi todos los Romanov, desde Pedro I el Grande hasta Nicolás II y su famila (entre sus hijas, Anastasia).

Al salir, fuimos a la prisión, en la que estuvieron encerrados muchos revolucionarios soviéticos como Trotsky o hasta el mismo hijo de Pedro I el Grande, acusado de traición. Para ser una prisión del siglo XVIII las condiciones eran bastante aceptables a nuestro parecer. Después fuimos al museo de la historia de San Petersburgo, pero entre el cansancio y que se acercaba la hora de cerrar, lo dejamos a medias y decidimos salir de la fortaleza para hacer un pequeño paseo alrededor de la isla por el río Nevá congelado.

 

Después de comer otra vez en el Gogol’, nos merecíamos un caprichito, volvimos al apartamento a descansar y coger fuerzas para el vuelo de vuelta a casa en la madrugada siguiente.

Teníamos que estar en el aeropuerto a las 2h y la arrendadora del apartamento nos recomendó que para ir al aeropuerto de madrugada, que no hay transporte público, pidiéramos un Uber porque nos saldría mucho más barato. Así que la vuelta al aeropuerto nos salió por 626 rub.

Bitácoras

de mochilero