S. P. - DÍA 3

Pusimos rumbo al Palacio de Catalina (700 rub adulto; 350 rub estudiante; 150 rub audioguía), otra residencia de verano de los zares que estuvo en uso durante 200 años y en el que se inspiró la película Anastasia, por sus salones de bailes de máscaras.

El Palacio se encuentra en Pushkin, un pueblo antiguamente llamado Tsarskoye Selo (“El hogar de los Zares”), a 1 hora de San Petersburgo. Para llegar hay varias opciones, nosotros fuimos con el autobús (40 rub) K-545 o el K-342, que sale desde la parada de metro Moskovskaya.

Al igual que Peterhof, existen diferentes entradas para los distintos edificios que conforman el complejo palaciego. En temporada baja muchos de ellos están cerrados, pero los jardines son gratuitos. Los horarios cambian a lo largo del año, así que hay que comprobar en la web e ir con tiempo para realizar la visita. Tened en cuenta que se forman largas colas, sobretodo en temporada alta, que pueden llegar a ser de 2 horas. Nosotros esperamos 30 minutos.

La visita al palacio nos ocupó 1 hora, y los jardines otra hora más, así que reservad medio día como mínimo para visitarlo. Quizá no es tan espectacular como Peterhof, pero la Sala de Ámbar y el Salón de Baile, te quitan el aliento.

Para volver podéis coger cualquier bus que vaya hasta San Petersburgo, sólo tenéis que preguntarselo al conductor. Nosotros cogimos uno que nos dejó en la parada de metro de Kupchino.

 

Al llegar al centro ya no pudimos visitar nada más, porque todo cierra a las 18h, así que fuimos a comer algo al restaurante Gogol’, en la calle Malaya Morskaya Ulitsa (muy cerca de la Catedral de San Isaac). Se trata de un espectacular restaurante ambientado en el siglo XIX, con muy buen servicio y una carta de platos típicos rusos, todo buenísimo y muy muy recomendable! No es un restaurante barato (25€/pers) y hay que reservar.

Bitácoras

de mochilero