DÍA 2

Cogimos la misma línea de tren que el día anterior (5,60 €/pers. ida y vuelta 40 min), la Circumvesuviana dirección Sorrento, pero con un truquillo: en lugar de cogerlo en Piazza Garibaldi, si lo cogéis en Puerta Nolana que es la parada anterior y está muy cerquita caminando, hay muchísima menos gente y podréis sentaros seguro. Tened en cuenta que este tren se llena MUCHO tanto en la ida como en la vuelta.

Bajamos en Pompei Scavi Villa Misteri para acceder por la Porta Marina, la entrada al recinto más habitual. La taquilla oficial (13 €/pers.) se encuentra todo recto pero si queréis contratar un guía o saltaros la cola, podéis entrar en el edificio contiguo al de la estación, que es una agencia de tours y otros servicios. Por 12 € por persona más el tiquet de entrada, podéis uniros a un grupo en inglés que dura 2 horas y visita las ruinas más interesantes del centro de la ciudad, si queréis un tour privado o en español, son unos 120€. Recomendamos mucho hacer la visita guiada ya que apenas hay información dentro y se te pasarían por alto la mitad de las cosas. La audioguía cuesta 8 € y también es una buena opción, pero se hace imposible escuchar todos los números en un día.

Pasamos dentro unas 7 horas para poder ver lo imprescindible y explorar un poco con calma, con una paradita para comer en el único “restaurante” que hay. Recomendamos llevar agua en la mochila, o incluso algo para comer, ya que las colas aquí son horribles. Entre muchísimos otros edificios, nuestros favoritos fueron: La Villa dei Misteri (queda un poco apartada hacia el oeste), los dos teatros, las termas y las domus de algunos nobles con espectaculares frescos y mosaicos. Si se dispone de tiempo y ganas, también se puede ir al anfiteatro y a la palestra, que quedan apartadas al norte. Dejaros llevar, también, y explorad tranquilamente las calles para descubrir los secretos inesperados que están ocultos dentro de edificios menos famosos.

Fue muy impactante ver los moldes de los cuerpos que se encontraron enterrados en la ceniza en las posiciones que ocupaban justo antes de morir, en especial el hombre que se cubre la boca para no respirar el polvo abrasador o la madre que protege a su hija. Para conseguirlos, se echaba yeso en el espacio vacío que ocupó el cadáver, ya descompuesto, de las víctimas y se sacaba el molde una vez seco.

De vuelta a Nápoles, fuimos a comer a “L’antica pizzeria da Michele” donde según dicen, se hace la mejor pizza de Nápoles y por lo tanto, del mundo entero ya que la pizza napolitana ha sido recientemente considerada patrimonio inmaterial de la UNESCO, así que no podéis iros de aquí sin atiborraros a pizza. En este lugar, solo sirven pizza Margheritta y Marinara, escudándose en que es lo tradicional. Sin duda, la Margheritta está mucho más rica, y mejor con doble de mozzarella (o eso pone en el libro “Come, reza, ama”). Tuvimos que esperar en la calle 1 hora y media antes de que nos dieran mesa, y otra media hora antes de que trajeran la pizza, pero valió la pena (lo que era necesario para estar contigo amor). Aunque aparentemente sencilla, el sabor de la pizza y la textura de la masa son espectaculares. Otra opción, que descubrimos después, es pedir la pizza para llevar, con una espera de una media hora según nos dijeron.

Bitácoras

de mochilero