M. - DÍA 2

Salimos a desayunar temprano y fuimos a la Plaza Roja a las 10.30 para empezar un Free Walking Tour, hoy sí que íbamos con tiempo, que salía a las 10.45. Ya os podéis imaginar el buen humor que teníamos cuando a las 11, y tras ir plaza arriba y plaza abajo durante un buen rato, ahí no había ni tour ni nada… Por suerte, compensación del karma, fuerza del destino o llamadlo como queráis, a lo lejos vimos un grupo que entraba en la Plaza Roja y nos unimos sin pensarlo ya que llevaban poquito rato en marcha.

La guía, Ana, una rusa nacida en la siberia, nos fue explicando la historia de los principales monumentos de alrededor y algunas historias curiosas sobre Moscú en general. Para no aburriros con una super explicación interminable, hemos explicado la información más relevante cuando hemos hablado de cada monumento en el post de Rusia. Terminamos a la 13 en el jardín de Alejandro, delante de la tumba del soldado desconocido, un monumento con una llama que nunca se apaga vigilada por dos soldados que hacen el cambio de guardia cada hora en punto. Esta llama representa la memoria del pueblo ruso, que nunca olvidará todos aquellos soldados caídos durante la segunda guerra mundial.

Como terminamos en los jardines de Alejandro, fuimos a comprar las entradas para el Kremlin (500 rub adulto; gratis menores). Solo pudimos coger la entrada a la plaza de las Catedrales porque los pases para la armería se habían terminado. Si tenéis mucho interés en ver esta parte del museo recomiendan comprar las entradas por internet y con antelación, también se recomienda en temporada alta para cualquier parte del Kremlin.

 

Una vez dentro, nos encontramos con un par de los monumentos cerrados por rehabilitación, entendemos que aprovechan la temporada baja para hacer este tipo de obras pero nos fastidió bastante, porque el precio de la entrada fue el mismo. La explanada del Kremlin enorme pero las diferentes iglesias se concentran en una misma placita. Es muy impactante ver esos monumentos tan grandes en un espacio tan reducido. Las iglesias que pudimos ver eran preciosas por dentro, llenas del colorido de sus frescos y retablos. Nos gustó mucho que en cada iglesia nos dieran un folletito con una pequeña explicación de las obras. No podéis perderos tampoco el cañón de de los zares y la campana de Iván el Grande.

La tarde terminó en la estación de tren de Leningradsky, donde fuimos a comprar los billetes del tren nocturno a St. Petersburgo para el día siguiente. En temporada alta recomiendan cogerlos con antelación porque puede que se llenen. Nosotros preferimos cogerlos en las taquillas porque los precios en la web variaban mucho de un tren a otro y no nos fiábamos de acertar a la hora de elegir. Por internet leeréis que hay que coger el “Estrella Roja” (2350 rub; salida a las 23:55; llegada a las 07:55) para ir a St. Petersburgo pero en la taquilla, siempre hablando por signos y con dibujos porque no entienden ni papa de inglés, nos mostraron otro tren por 999 rub que salía a las 21:24 con llegada a las 05:25). El Estrella Roja es más caro porque es un tren emblemático y por eso te sablan más del doble pero al ser un tren más antiguo se nota más el traqueteo de los vagones y tendréis una noche movidita, eso sí, si a alguno le llama el romanticismo de ese tren, adelante. También dispone de habitaciones privadas y otros lujos.

Por último, de vuelta al hotel, paramos en el GUM para cenar en un restaurante que intenta mantener la atmósfera soviética y sirve platos de la cocina rusa, lo encontraréis en la última planta, al fondo de una de las galerías y se llama Stolovaya 57.

Bitácoras

de mochilero