M. - DÍA 1

La noche anterior habíamos llegado muy tarde al hostel (1.782 rub/noche)

El aeropuerto de Domodedovo está bastante alejado de la ciudad pero tiene conexión con el tren. Nosotros, al llegar de madrugada y no saber si todavía pasaban trenes, decidimos soltar la billetera y coger un taxi (4.500 rub / 1 hora) hasta el hostel. Aún así, no entramos en la habitación hasta las 3.00.

 

Así pues, decidimos no pegarnos el madrugón a pesar de perder buena parte de la mañana así que después de desayunar empezamos a patear sobre las 11.30. Salimos en búsqueda de un free tour que salía a las 12.00 de la Catedral del Cristo Salvador y a pesar de que andamos a un buen ritmo, a la altura de la Plaza Roja vimos que no llegaríamos, las distancias son mucho mayores de lo que aparentan en el mapa. No hay mal que por bien no venga y ver las maravillosas cúpulas de la Catedral de San Basilio hizo que se nos pasara el disgusto.

La Plaza Roja es una enorme extensión en el mismo centro de Moscú y contiene algunas de las principales atracciones de la ciudad: la Catedral de San Basilio, el Kremlin, el Mausoleo de Lenin, las galerías GUM y el Museo Estatal de Historia. Nosotros empezamos por la catedral porque la entrada al Kremlin está al otro lado de la fortaleza, en los jardines de Alejandro, y se tarda un ratito en dar la vuelta y el mausoleo de Lenin estaba cerrado por ser domingo. Si cuando vais está abierto el mausoleo, mejor que lo hagáis lo primero y prontito por la mañana ya que suele haber colas un poco largas.

Entramos en la Catedral de San Basilio (estudiantes/docentes gratis; general 250 rub; audioguía 500 rub) y el interior nos sorprendió nada más cruzar la puerta. Esperábamos un gran espacio interior, solemne y digno del imperio de los zares pero resultó ser muy diferente. La catedral está compuesta por múltiples iglesias (cada cúpula de las que se ven en el exterior es una iglesia) y cada iglesia está formada por una o varias salitas, de modo que la catedral es como un laberinto de pequeñas habitaciones pintadas y decoradas cada una a su bola. El recorrido, hecho con calma, puede durar una horita y la audioguía es muy prescindible bajo nuestro punto de vista.

Encontrar un sitio interesante para comer por ahí cerca fue muy difícil así que terminamos en un café en unas galerías subterráneas que hay frente a los jardines de Alejandro (1040 rub).

 

Luego nos dirigimos a la Catedral del Cristo Salvador, esta vez sí, y aprendemos que muchas de las grandes avenidas de Moscú no tienen semáforos ni pasos de peatones así que tienes dos opciones: cruzar al estilo vietnamita o buscar si hay alguna entrada de metro para usar como paso subterráneo.

 

Esta mastodóntica catedral, que es la catedral ortodoxa más alta del mundo (entrada gratuita) ya cumple con las expectativas del viajero acostumbrado, tiene una planta enorme y una decoración magnífica. Nos gustó mucho descubrir que también tiene una planta inferior, a la que se accede por unas pequeñas escaleras situadas en uno de los pasillos laterales, con otro espacio ceremonial y varias obras de arte peculiares. Al subir de nuevo, nos sorprendió el inicio de la ceremonia y pudimos quedarnos a verla. Aunque la catedral pueda parecer histórica, apenas tiene 20 años. Resulta que en el siglo XIX, el zar Nicolás I decidió demoler la iglesia que ocupaba el lugar y construir la catedral en su lugar. Cuenta la leyenda que los monjes de la iglesia, que no estaban de acuerdo con tal decisión, maldijeron el lugar y le dijeron al zar que hiciera lo que quisiera pero que en aquel lugar ya nunca más un edificio duraría más de 60 años en pie.

 

Eso no disuadió al monarca y siguió adelante pero unos años después, con la llegada de Stalin al poder, se destruyó la catedral para construir el Palacio de los Soviets, un monumento destinado a ser la construcción más alta del mundo presidido en lo alto por una estatua de Lenin giratoria con la mano derecha extendida en representación del futuro próspero del régimen. No debería sorprenderos que os digamos que nunca llegó a finalizarse. Más adelante, en el enorme agujero que dejaron las obras del Palacio, se construyó una piscina exterior pública y climatizada, que tampoco duró mucho ya que se construyó la actual catedral. De momento le quedan 40 años de vida, luego ya veremos.

Cuando salimos, ya eran cerca de las 18.00 y los monumentos y museos habían cerrado así que nos dirigimos a las galerías GUM, unas galerías construidas por orden de la reina Catalina, que el estado socialista usó como tiendas oficiales y los soviéticos como oficinas y viviendas oficiales. Es muy típico probar un helado y un refresco que veréis que venden en algunos tenderetes del centro porque mantienen la misma receta de los tiempos soviéticos.

 

Más tarde, después de una merendola, salimos a la plaza roja a ver las vistas nocturnas con los monumentos iluminados. Luego, ya cansaditos, al hotel a descansar y más tarde a cenar.

Bitácoras

de mochilero