JAPÓN - DÍA 8

Por la mañana pusimos rumbo a Kamakura. Es la antigua capital del periodo Kamakura y se puede ver su importancia en sus múltiples templos. A parte de su interés histórico se ha ido desarrollando como destino de playa y actividades acuáticas. El ambiente surfero se respira a cada paso que das.

 

Mucha gente hace esta excursión en un solo día desde Tokio pero teniendo en cuenta que todos los templos cierran a las 17.00, que hay mucho que ver y que algunos quedan apartados, creemos que es buena idea pasar una noche ahí y así aprovechar mejor el tiempo.

 

Fuimos a dejar las maletas a la Guest House Zen-ji (¥4.200/cama en habitación de 4), acogedora, con una sala común de estilo japonés y con un anfitrión muy majo y luego a comer. La especialidad en Kamakura es el shirasu, como unas pescadillas muy chiquititas crudas o hervidas.

 

Luego fuimos al Hase Dera (¥300), un templo budista con un jardín precioso y mil rinconcitos en los que quedarse embobado o echar fotos. En este, y muchos otros templos, veréis multitud de estatuitas repetidas de una especie de monje con un bastón, es Jizō, el “dios” de los desamparados, los niños y los viajeros.

Muy cerca del Hase Dera está el Kotoku-in (¥200). El templo no es especialmente bonito o importante pero aloja el Daibutsu, un enorme buda de 11,4 m de altura. Se puede entrar dentro de la estatua por ¥20.

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Por último fuimos a la playa, con una arena muy oscura, a ver a los surferos. Realmente en un buen día de surf es difícil mirar al agua y no ver a nadie encima de una tabla.

 

Si os alojáis en este sector de Kamakura, como nosotros, tened en cuenta que hay pocos lugares para comer y la mayoría cierran muy temprano.

Bitácoras

de mochilero