JAPÓN - DÍA 24

Aunque Osaka tiene más que ofrecer, nos tocaba ir dirección Hiroshima para llegar a Miyajima. Su principal atractivo es el gran torii que se levanta en medio del mar. Según como esté la marea se puede andar llegando a él o la base quedará cubierta creando la ilusión de que flota en el agua. Los ciclos de la marea cambian según diferentes factores así que lo mejor es que visitéis esta web para programar vuestro itinerario, pero contad que son ciclos de 6h de marea alta y 6 de marea baja.

 

Muchos viajeros eligen este destino como excursión de un día pero tened en cuenta que si queréis ver el atardecer, estaréis limitados por el horario del tren de vuelta. Una buena idea es quedarse a dormir en la isla pero hay pocos alojamientos y son caros. Nuestro hostel, Backpackers Miyajima (¥3.500 cama en hab. comp.) estaba en Miyajimaguchi, es decir, el pueblo que hay antes de cruzar a la isla de la torii, así que podíamos volver con el último ferry (22:15). Es muy barato, la localización es buena pero sobretodo tiene un equipo muy divertido y amable que nos recibió con un chupito de vino de ciruela.

 

Llegar a Miyajima (literalmente isla del templo) es muy fácil, solo tenéis que seguir las indicaciones hasta el puerto y con el JR pass, el ferry sale gratis (15 min en cruzar). Nosotros llegamos al mediodía y la marea estaba baja así que nos acercamos a la torii para pasar por en medio y admirarla desde cerca, es más grande de los que parece desde lejos. Esta torii tiene una forma diferente a las demás (tiene 6 columnas) para poder sostenerse en un terreno tan complicado. Y su base está llena de las conchas de moluscos que se pegan a ella cuando sube la marea. Mientras esperábamos a que subiera la marea fuimos al Itsukushima Shrine (¥300 adulto), el templo que hay justo enfrente, en la playa mismo, que es muy curioso porque está construido sobre plataformas, como si fuera un embarcadero. El templo es curioso pero tampoco nos impresionó. Eso sí, si tenéis la posibilidad de verlo con la marea alta, debe ser más especial.

En la isla hay algún otro templo, un par de pagodas y un trekking de 2’5 horitas que sube a lo alto de la montaña. Y al igual que en Nara, encontraréis ciervos paseando por el pueblo y los alrededores. ¡Cuidado! Si os despistáis os pueden pillar lo que encuentren en vuestros bolsillos o en la mochila. Para hacer tiempo hasta el atardecer aprovechamos para comprar algún recuerdo en las mil tiendas que hay de camino.

 

Ese día la puesta de sol era a las 19:00, así que a las 17:30 fuimos a coger un buen sitio y ya estaba casi todo lleno. A pesar de eso encontramos un lugar donde sentarnos y disfrutar de la puesta de sol. Si os esperáis un rato más, cuando anochece, iluminan la torii y le da un aire romántico al lugar y a medida que oscurece, los turistas van desapareciendo poco a poco. La verdad es que es una escena muy mágica y bonita que vale la pena ir a ver.

Bitácoras

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