JAPÓN - DÍA 22

Montamos de nuevo nuestras mochilas y pusimos rumbo a Koyasan, pero antes hicimos una breve parada al templo que teníamos enfrente de nuestro Ryokan, Sanjusangendo, ya que lo habíamos visto por la tv japonesa días antes y nos había gustado. Este templo nos sorprendió mucho por ser diferente a los demás, y es que en su interior se encuentran nada más y nada menos que 1000 estatuas de madera tallada a mano de la diosa de la piedad, un buda grande y 28 figuras protectoras de buda, cada una con una historia y poderes diferentes. Automáticamente subió a nuestro Top 3 de templos de Kyoto.

Llegar a Koyasan es un poco lío pero vale la pena. Desde Kyoto station hay que ir a Osaka, ahí coger una línea que no es de JRP, ir hasta Hashimoto, cambiar de vía, bajar en Gokurakubashi, coger un teleférico y… ¡voilà! ¡Sólo te queda coger un bus hasta el centro de Koyasan! Recomendamos comprar el ticket (¥2860) que incluye ida y vuelta desde Osaka, así como buses ilimitados por Koyasan, sale a cuenta porque además te incluye descuentos a templos y tiendas.

 

Koyasan es un respiro del ajetreo y del calor de las ciudades, una pausa muy agradable y necesaria en tu viaje. Es entrar en un mundo aparte, de silencio, paz, tranquilidad y espiritualidad. La temperatura desciende unos 10° y aquí no encontraréis masas de turismo, de hecho todo el pueblo parece sumido en un silencio encantador, solo roto por los coches.

Lo mejor de Koyasan es que puedes alojarte en un templo budista llevado por monjes, para hacerlo debes contactar con la Asociación Shukubo, que se encargan de contactar con ellos y alojarte según tus preferencias. A nosotros nos tocó el Nanin (¥10.800/pers/cena y desayuno incl.), un bonito templo conocido por tener en el techo un dragón que ruge (hace un ruido peculiar si aplaudes justo debajo de su cara, pero no si lo haces unos metros más allá).

A pesar del tifón Cimarrón que nos venía pisando los talones fuimos a explorar Koyasan. El primer templo que visitamos fue el Kongobu-ji (¥600 adulto ¥500 con el descuento del transporte) y fue el que más nos gustó. Ahí vive el abad del pueblo y está lleno de puertas correderas decoradas con murales preciosos, algunos muy antiguos. Algunos de ellos explican la historia de Kobo Daishi (también llamado Kukai), el fundador de Koyasan y una de las personas más veneradas de Japón. Además de todo esto, tiene el jardín zen más grande del país, que representa dos dragones defensores emergiendo entre un mar de nubes, e incluye un poquito de té y una galleta de arroz. La visión del jardín bajo la intensa lluvia realmente tuvo su efecto y casi entramos en un estado de meditación.

Saliendo a mano derecha queda el Daito, un recinto que incluye varios templos y otras estructuras, como la curiosa pagoda Konpon Daito. La entrada al recinto es gratuita pero hay que hacer un donativo de ¥200 al entrar en cada uno de los templitos. Aunque veáis a gente que se hace la loca, no seáis tacaños. La pagoda es curiosa porque su segundo piso es circular en lugar de cuadrado. En su interior está una escultura del Budha cósmico y en cada pilar hay pintadas algunas figuras protectoras. Se dice que el mismísimo Kukai las pintó. Al salir, casi enfrente, está el Rento, que contiene algunas pinturas y esculturas. Saliendo de este templo, si miras a la derecha verás un pequeño edificio octogonal con una serie de varas ancladas. Es un repositorio de sutras. En su interior están los textos budistas y según la tradición empujar las varas hasta haber dado la vuelta al repositorio equivale a leer todos los sutras.

La lluvia cada vez apretaba más fuerte y empezaba a oscurecer, así que tuvimos que volver al templo en el que nos alojábamos. A las 19 teníamos un tour reservado para visitar el cementerio de Okunoin de noche que nos hacía mucha ilusión (este cementerio es una de las visitas obligatorias en el pueblo) y estaba super recomendado pero nos lo cancelaron una hora antes porque se estaba acercando un tifón.

 

Después de cenar una rica comida vegetariana típica de la dieta budista les pedimos a los monjes hacer Shakyo (¥1.500 persona). Consiste en copiar los sutras budistas copiando los caracteres escritos en caligrafía japonesa con un pincel. A pesar de que al principio cuesta un poco resulta una experiencia muy relajante y enriquecedora. Lo recomendamos mucho. En teoría al finalizar hay que entregar el papel a los monjes para que lo añadan a su repositorio de sutras pero nos lo dejaron quedar.

Por la noche escuchamos por los altavoces del pueblo una alerta, pero estaba en japonés. Al rato nos llegó al móvil una notificación de emergencia, en japonés también, que pudimos traducir. Decía algo así como: debido al tifón se recomienda evacuar la zona de Koyasan por posibles inundaciones… Nos acojonamos bastante ya que hacía apenas un mes mucha gente murió en Japón debido a las inundaciones así que fuimos corriendo a buscar a algún monje para preguntarle. Este nos dijo que no había nada por lo que preocuparse y nos mandó a dormir. Así lo hicimos pero un poco intranquilos. La verdad es que daba un poco de miedo la fuerza del viento y la tromba de agua que caía. ¡Lo bueno es que seguimos vivos después de todo!

Bitácoras

de mochilero