JAPÓN - DÍA 19

Este día nos esperaba una de las visitas que más esperábamos de todo el viaje. Teníamos muchas ganas de ir a Fushimi Inari (gratis) y perdernos entre los km de tooriis. Por eso madrugamos e intentamos llegar prontito. Es importante llegar muy pronto porque cuando se masifica pierde gran parte de su encanto. Contad que sobre las 8.30-9.00 ya está bastante lleno así que madrugar vale la pena.

Se trata de un templo en la falda de un monte en el que empieza un camino de miles de toriis puestas una detrás de otra hasta llegar a la cima. Hay más de 4 km de caminos de toriis. Justo al principio del camino hay un tramo llamado el camino de las 1.000 toriis que es el más espectacular porque están mucho más juntas que en el resto de la montaña, creando un túnel de luz rojiza maravilloso. Pensad que cada torii representa una donación de más de 1.000 € (dependiendo del tamaño de la torii mucho más) y en cada una está la inscripción de la fecha y la persona que lo ha donado. Inari es uno de los dioses sintoístas de la prosperidad y sus mensajeros son los zorros, por eso veréis muchísimas estatuas representando a este animal.

Poco antes del mediodía fuimos al Kinkaku-ji o pabellón dorado (¥400). Es uno de los templos más visitados de japón. Aunque a nosotros nos pareció bonito no deja de ser un templo sencillito revestido de oro. Además no se puede entrar. Dicen que en el interior hay algunas reliquias sagradas de Budha.

A unos 20 minutos de allí, está el Ryoan-ji (¥500). Este templo tiene el jardín zen más famoso de Japón. Se trata de un jardín de rocas y grava rastrillada que representa la esencia de la naturaleza a partir de elementos sencillos. A pesar de que es algo muy simple, tiene cierto poder magnético que invita a mirarlo, es muy relajante.

Pusimos rumbo a Gion de nuevo donde nos esperaba un Free Walking Tour. Ya sabéis que nos encanta hacerlos porque se aprenden un montón de cosas y se adquiere una visión local del lugar. El tour recorre el distrito de Gion, el sur de Higashiyama y termina en el Yasaka jinja. Aunque eran lugares que ya habíamos visto, nos mostraron rincones y detalles que se nos habían pasado por alto. Al terminar el tour, dimos un rápido paseo por Pontocho y fuimos a cenar.

Bitácoras

de mochilero