JAPÓN - DÍA 17

Por la mañana volvimos a coger el World Heritage Bus, siguiendo la ruta hasta Ainokura. Hay poquitas taquillas (¥100) escondidas detrás de la casita de información. Mucha gente nos había dicho que era su aldea favorita por ser la más grande de las que conservaban la localización original y por tener muy pocos visitantes. En nuestra opinión está bien visitarla si te queda de paso (como fue nuestro caso) o si te sobran días en la región, pero no es imprescindible. Tras la imagen que teníamos del lugar en nuestra cabeza, la verdad es que nos decepcionó un poco. Es bastante pequeño, hay muchas casas no tradicionales mezcladas con las de estilo gassho y se pueden visitar muy pocas casas. Lo bonito es que todavía hay muchas familias viviendo en ellas.

 

Las dos casas que se pueden visitar son museos, una sobre el folclore de la zona y la otra tiene herramientas y otros objetos (¥500 adulto, ticket combinado para los dos museos). En la del folclore, la amable señora que lo regentaba vino con nosotros y nos hizo tocar alguno de los instrumentos tradicionales mientras ella cantaba.

Al terminar, cogimos por última vez el World Heritage Bus hasta Shin-Takaoka, donde haríamos trasbordo hacia Kanazawa, donde llegamos al mediodía. Allí dejamos las maletas en las taquillas (¥500) para poder visitar alguno de los puntos de interés antes de que cerraran. Empezamos por el Kenroku-en (¥310 adulto), un jardín precioso que debería ser visita obligatoria. Kenroku-en significa, más o menos, jardin que combina los 6. Debe el nombre a que combina los 6 elementos clave que debería tener un buen jardín de belleza paisajística japonés: vistas panorámicas, amplitud, arroyos serpenteantes, artificios, reclusión y antigüedad. Vale la pena dedicarle un buen rato sin prisas porque está lleno de rinconcitos preciosos.

Luego fuimos al barrio de las geishas, Higashi, donde pudimos visitar la ochaya Shima (¥500). Una ochaya es la la casa en la que trabajaban las geishas (significa casa del té). Vale la pena porque no hay muchos lugares donde se pueda entrar en un sitio así. En la planta superior veréis las salas dedicadas a los visitantes y al entretenimiento mientras la planta baja era el espacio para las geishas, donde se maquillaban, guardaban los kimonos, estaba la cocina,...

Nos alojamos en la Pongyi guesthouse (¥3.300 cama en hab. comp.) una antigua casa de kimonos abierta hace 140, de hecho dormimos en el antiguo almacén de los kimonos. El dueño nos explicó que hizo un retiro espiritual como monje budista en Birmania y eso le cambió la vida. Fue entonces cuando decidió abrir la guesthouse, que predica paz y amor en el mundo por todos sus rincones.

 

Si os gusta el sushi, dicen que Kanazawa es un buen sitio para comerlo porque confluyen agua dulce y agua salada y la diferencia de temperatura permite encontrar muchas variedades de pescado. Cerca de la estación de tren podéis encontrar varios lugares para comer.

Bitácoras

de mochilero