JAPÓN - DÍA 16

Nuestro bus, el primero del día, salía a las 7:50 y tras un buen madrugón pusimos rumbo a Shirakawa-go. Vale la pena coger este autobús porque este pueblo se llena de visitantes y pierde gran parte de su encanto. En la estación de autobuses hay algunas taquillas (¥500 tamaño medio) pero se llenan muy rápido. Esta es otra buena razón para llegar en el primer autobús.

 

Shirakawa-go es un conjunto de casas tradicionales estilo gassho. Gassho es la posición de las manos al rezar y se llaman así porque sus tejados de paja recuerdan esta posición. Originalmente estas casas no estaban juntas pero para proteger el patrimonio histórico se trasladaron a esta zona. Hay muchas casas y muchos rincones preciosos pero lo más recomendable es el museo exterior, una zona donde solamente hay casas tradicionales y no hay calles ni carreteras asfaltadas, la casa Wanda, una de las más grandes y permite la entrada a su interior, y el museo de la casa junto al templo.

 

Nosotros empezamos por el museo exterior (¥600 adulto) y creemos que es la mejor forma de empezar porque pusimos disfrutarlo casi solos. Es un agradable paseo entre casitas tradicionales, pudiendo entrar en muchas de ellas. Nos pareció mucho más bonito e interesante que el resto del pueblo ya que aquí no encontrarás edificios de otros estilos.

Luego visitamos la casa museo que está justo al lado del templo (¥300). Ahí podréis ver, otra vez, la estructura interior de estas casas así como varias máquinas antiguas relacionadas con el proceso de fabricación de la seda, la pólvora o el papel washi (los tres recursos principales de la región). También vimos el primer irori encendido de nuestro viaje.

Hay varios restaurantes para comer así como tiendas de souvenirs de la zona. Después de comer subimos al mirador que hay a unos 10 min andando desde la estación y luego cogimos el autobús hasta Suganuma. El world heritage bus recorre los diferentes pueblos y puntos de interés desde Shirakawa-go hasta Ainokura, y llega hasta Takaoka. En la estación de Suganumo también hay algunas taquillas (¥100).

 

Suganuma es un pueblo que sí que conserva sus casas en el lugar original y por lo tanto es más pequeño que Shirakawa-go. Hay mucha menos gente y el paseo se hace bastante agradable entre casitas tradicionales y campos de arroz. Desde aquí, sale un camino de unos 10-15 minutos hasta Gassho no sato, otra aldea, todavía más pequeña. Nosotros llegamos sobre las 16.00 y no había nadie (ni siquiera locales). No sabemos si es que está abandonada, cierran las casas antes o qué sucede pero el ambiente decadente, sumado a un merendero medio abandonado que hay al lado y un parque infantil muy deteriorado le daba un aire de misterio interesante. En el camino encontraréis una cuerda que cruza el río con una cesta colgando. Parece una tirolina pero es un sistema que usaban para cruzarlo en la época en que el shōgun prohibió construir puentes en la zona.

Al terminar volvimos a coger el mismo bus, siguiendo la ruta, hasta Kaminashi. Ahí está la casa Murakami, muy conocida pero no tuvimos tiempo de entrar. La Takazuri guesthouse (¥9.000 hab. dob.) estaba a 20 minutos andando cuesta arriba y sin ninguna indicación. Cuando preguntamos en una tienda cercana a la parada de bus, llamaron al anfitrión y este dijo que no nos preocupáramos, que nos venía a buscar en coche. Tiene una casa enorme y muy bien cuidada, además, tanto él como el resto del equipo de la guesthouse son encantadores. De hecho, al día siguiente, su mujer iba hacia Shirakawa-go y se ofreció a llevarnos, como íbamos en dirección contraria no pudimos aprovechar el viaje. Eso sí, nos volvieron a llevar a la estación en coche.

Bitácoras

de mochilero