JAPÓN - DÍA 15

Nos levantamos a primera hora para ir a la estación de autobuses a reservar unos asientos para ir a Shirakawa-go para el día siguiente. Si tenéis pensado ir, tened en cuenta que hay autobuses que operan sin reserva y otros que operan solo con reserva (suelen ser los que salen a las mejores horas y se pueden llenar rápido). Hay mucha gente que va a Shirakawa-go y vuelve el mismo día pero nosotros teníamos pensado hacer todos los pueblos rurales hasta Ainokura y seguir hasta Kanazawa. Nos ofrecieron un billete muy interesante que consistía en un vale de viajes ilimitados durante 3 días siempre que fueras en una misma dirección por ¥3.980, salía a cuenta porque solo ir a Shirakawa-go ya cuesta más de ¥2.000. Los autobuses a esta zona son bastante caros.

 

Después de la estación de autobuses fuimos a la antigua casa gubernamental de la ciudad (¥430 adultos). Es la antigua sede del gobierno de la época feudal, un edificio bien conservado con exposición de algunos objetos de la época y pequeñas explicaciones de cada sala, incluso tenían una sala de tortura, lo recomendamos mucho.

A las 12.00 fuimos al Maruaki a comer ¡y no tuvimos que hacer nada de cola! La carta es muy extensa y tiene mil tipos de corte y formas de hacer la carne. Nosotros recomendamos los combos de yakiniku (brasa) para 2 o 3 personas. Son platos con verdura y 3 tipos de corte de la carne de Hida. Hay uno de menor calidad por ¥2900 y otro de clase 5-A por ¥5900. Decidimos probar la clase superior para poder saborear esta delicia en su máximo exponente y fue una buena decisión. Esta carne ya tiene un aspecto diferente a la que estamos habituados, con la grasa infiltrada entre el músculo y no alrededor. Esto es una señal de que la ternera no ha tenido una vida sedentaria y ha podido pastar libremente. Cuando te la pones en la boca, se deshace, y no es una forma de hablar. Literalmente se desmenuza en tu boca liberando un sabor intenso desde el primer segundo. Teníamos miedo de que la diferencia con una carne convencional se notara poco o fuera cuestión de tener un paladar gourmet, pero no. Cualquiera notaría la diferencia.

Después de comer como reyes fuimos a ver las antiguas casas de dos familias adineradas del pueblo, la casa Yoshijima y la casa Kusakabe (¥500 adulto cada una). Ambas casas tienen una estructura muy similar, con una zona dedicada al comercio (la primera el sake y la segunda el préstamo de dinero) y otra a la vivienda, con un piso superior. Ambas tienen el clásico irori, un pequeño agujero en el suelo de tatami para encender una hoguera y hacer el té o preparar la comida. Aunque las dos son muy interesantes, al ser similares podéis visitar solo una. Quizá la Kusakabe es algo mejor porque aparte de la estructura de la casa tiene varios objetos antiguos en exposición.

Por la tarde queríamos hacer la ruta de los templos. Un poco apartado del centro hay un camino de unos 5 o 6 km que recorre varios templos y un bosque cercano pero el chaparrón que empezó a caer nos disuadió así que dimos otra vuelta por el casco antiguo y visitamos algunas de sus tiendas de artesanía y las destilerías de sake. Son especialmente espectaculares las tallas de madera.

Bitácoras

de mochilero