JAPÓN - DÍA 13

Tomamos el tren hasta Nakatsugawa y ahí cogimos un bus dirección Magome (¥560) para llegar prontito. En Magome empieza la etapa más conocida de la ruta Nakasendo, una antigua ruta que unía Tokio y Kioto, que los comerciantes y señores feudales recorrían a menudo a pie o en carreta.

 

Esta ruta fue cayendo en el olvido con la modernización e industrialización del país, y un vez empezaron a usarse otro tipo de transportes, dejaron de usar la ruta Nakasendo y sus pueblecitos se fueron dejando, hasta que un día Tsumago y Magome decidieron explotar su riqueza cultural y restauraron todos sus edificios antiguos, quitaron los postes eléctricos y restringieron el tráfico, para poder mostrar sus pueblos tal y como eran en esa época. La apuesta les salió muy bien, ya que hoy en día son un gran atractivo turístico y se llena hasta los topes.


Podéis hacerlo en cualquier dirección, nosotros decidimos hacer el tramo que va de Magome hasta Tsumago, y hacer noche ahí. Es difícil (y caro) alojarse ahí, ya que disponen de pocos ryokans o minshukus. En Booking no salía nada así que contactamos con “Japanese Guest Houses” (www.japaneseguesthouses.com) que nos buscaron una habitación en Shimosagaya (¥9.400/pers/cena y desayuno incl.) Tened en cuenta que hay poco que hacer en estos pueblos, ya que todo cierra a las 17h y a las 18h se cena.

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Empezamos en Magome donde dejamos las mochilas en la Oficina de Información Turística, para que nos las mandaran a Tsumago por ¥500 cada una. Este pueblo se encuentra en una fuerte pendiente y es muy bonito a pesar de lo masificado que está. La excursión, de unos 8 km, dura unas 2 horas y empieza con cierta pendiente, pero conforme te adentras en el bosque, se suaviza. En guías y en la información turística os dirán que el camino es como volver a hacer la ruta tal como era, no pueden pasar los coches, etc… No es del todo así. A lo largo del trayecto cruzaréis la carretera asfaltada varias veces, incluso la seguiréis durante algunos metros un par de veces. También puede ser que os encontréis algún coche directamente en el camino ya que los que viven en las casas intermedias tienen permiso para circular dentro. Otra cosa que os dirán es que compréis agua o algo para picar porque durante el camino no hay nada pero nosotros vimos restaurantes, algún hotel e incluso una casa ofrecía té gratis. A pesar de todo, el camino tiene tramos muy bonitos y debe ser lo suficiente salvaje porque cada dos por tres hay carteles alertando de la presencia de osos en el bosque, incluso hay campanas cada varios centenares de metros que se supone que si las tocas los ahuyentas. También se pueden alquilar campanas portátiles en la información turística.

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Tras una pequeña parada en medio del bosque para comer las bolas de arroz que habíamos comprado para comer llegamos a Tsumago. Igual que Magome es muy bonito pero este se encuentra en una zona más llana. Fuimos a recoger las mochilas y a hacer el check in en el hotel porque si no llegas antes de las 17.00 para avisar de que has llegado, no te hacen la cena. Después de una buena ducha fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que tiene algunos rincones muy bonitos.

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Quizá lo que más nos gustó de Tsumago fue pasear por el pueblo de noche debido a que la mayoría de casas encienden un farolillo en la entrada y le dan a las callejuelas un ambiente muy romántico, además estábamos completamente solos.

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Sobre el minshuku en el que nos alojamos… La verdad es que no lo recomendamos. Pese a su precio, bastante elevado, el servicio era terrible. El aire acondicionado y la tele iban con monedas, los dueños apenas interactuaban, las instalaciones eran muy normalitas y ni siquiera ofrecían agua (podías pagar una botella de agua mineral o beber del grifo del baño según nos dijo el anfitrión). Lo único remarcable del lugar es que la cena estaba bien y uno de los platos que nos dieron fueron grillos asados con miel o soja dulce.

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Bitácoras

de mochilero