JAPÓN - DÍA 11

Dejamos las mochilas en la guesthouse y volvimos a la zona del patrimonio mundial. Empezamos con el templo Rinnoji (900 Rinnoji + mausoleo de Iemitsu), también estaba en obras pero se podía visitar el interior. Destacan especialmente las tres grandes esculturas de 8 m de altura de buda y otras dos deidades.

 

La entrada combinada permite la entrada al templo Rinnoji y al mausoleo de Tokugawa Iemitsu, el hijo de Ieyatsu, que ordenó la construcción del templo dedicado a su padre. El mausoleo se encuentra tras un templo pequeño comparado con los otros pero el entorno es espectacular.

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Cogiendo la salida suroeste del parque encontraréis la villa imperial a 5 minutos. Es la residencia del emperador construida en el siglo 19 sobre un edificio del periodo Edo. Es una visita interesante pero si vais justos de tiempo no es imprescindible.

Lo que sí consideramos imprescindible es el paseo por el Bakojizō. Es una pequeña caminata al lado del río con decenas de estatuas de Jizō a lo largo. Bakojizō significa “el Jizō fantasma” y se dice que cuando cuentas las estatuas de ida, el número nunca es igual que si las cuentas de vuelta. ¡A nosotros no nos coincidió! Pero más allá de los Jizō, lo que a nosotros nos pareció espectacular fue el río. Hay un par de puntos en el camino en los que puedes bajar y acercarte al río. El color azul turquesa de sus aguas, el gris blanquecino de sus rocas, el verde esmeralda de la vegetación de alrededor y la fuerza imparable de agua convierten algunos tramos del río en uno de los sitios más bonitos que hayamos visitado.

 

A lo largo del camino, y sobretodo cerca del río, veréis montoncitos de piedras apiladas. Dice la tradición que Jizō es el protector de los niños y que aquellos que mueren durante la infancia, pasan la eternidad con él en su morada, al final de los ríos. De noche sus almas salen al mundo exterior y hacen estos montoncitos para recordar a sus familias. Del mismo modo, las familias hacen montoncitos para recordar a sus hijos.

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Ya de vuelta a la guesthouse recogimos las maletas y fuimos a Tokio a pasar la noche porque nos quedaba a medio camino de nuestra siguiente parada, Matsumoto. Ahí pasamos la primera noche en un hotel cápsula, el Nihonbashi Muromachi Bay Hotel (¥3060 hombres, ¥4250 mujeres). La verdad es que la experiencia fue muy buena. Las cápsulas son suficientemente grandes como para poder estar sentado, tienen taquillas, duchas y todo lo que necesitas. De hecho, cuando abres tu taquilla te encuentras una bolsita con tu toalla, enseres de baño y hasta un pijama estilo Yukata, de modo que podrías plantarte en el hotel sin nada más que lo puesto y aún así tendrías todo lo necesario para dormir.

Bitácoras

de mochilero