INDIA - DÍA 15

Dicen que en Varanasi se pueden ver reflejadas todas las regiones de la india si se sabe dónde mirar, y es que esta ciudad es lo que uno se espera cuando se imagina su viaje: colores, olor, caos y ruido pero también espiritualidad, sadhus, ceremonias y paz. Aquí, toda la actividad se sucede a lo largo del río. Normalmente se puede andar de un ghat al otro y así recorrer el Ganges viendo todo lo que sucede en él, pero en época de monzón el nivel del agua sube mucho y para cruzar de un ghat a otro hay que volver al jaleo de callecitas y salir otra vez en el siguiente, así que decidimos empezar y terminar el día cogiendo una barca para ver toda la orilla. Los precios de estas excursiones pueden variar entre 100 y 300 INR por persona dependiendo sobretodo del número de personas en el barco y salen durante todo el día, pero los mejores momentos son el amanecer y el atardecer porque hay más gente en el río y la luz es más bonita. Creemos que es una muy buena forma de establecer un primer contacto con la ciudad y hacerse una idea general de lo que sucede en los ghats, que puede ir desde los baños rituales de purificación y la meditación hasta las cremaciones funerarias.

Después del primer paseo en barca ya estábamos preparados para adentrarnos de lleno en los ghats y fuimos callejeando y descubriendo cada uno de ellos caminando hacia el sur. En realidad, la visita a esta ciudad no consiste en ir a ver determinados lugares de interés sino en perderse por sus rincones y descubrir lo que ahí sucede. Cuando uno se sienta y observa los diferentes ritos con paciencia y respeto, a menudo se gana las miradas de complicidad de los que los hacen. Si es así, suelen responder a las preguntas sobre lo que están haciendo con buen humor. Les parece muy curioso que nos interese su cultura. Eso sí, no es buena idea avasallarlos si no se ha tenido esa complicidad porque no se sabe si están haciendo una ceremonia alegre en celebración de algo o si por el contrario están de luto.

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El último ghat que vimos este día antes del paseo en barco vespertino fue el Harishchandra ghat. En Varanasi hay dos ghats en los que se realizan las cremaciones rituales y este es el más pequeño de los dos. Los hindúes no entierran sus cuerpos sino que los incineran en piras de madera al aire libre. Luego deben llevar sus cenizas al Ganges en el punto más cercano que tengan. Haciéndolo así, los difuntos podrán reencarnarse debidamente según el karma que hayan acumulado durante sus vidas para así poder llegar finalmente al moksha, el equivalente hindú del nirvana. Pero aquellos que son incinerados en las orilla del Ganges ya no vuelven a reencarnarse y pueden llegar directamente a este fin del ciclo. Existen algunas excepciones que no está permitido llevar al crematorio como son los leprosos, las embarazadas, los niños y los muertos por picadura de serpiente. En estos últimos casos, los cuerpos se tiran directamente al río sin incinerar. Los ghats crematorios están abiertos y cualquiera puede acercarse pero siempre con respeto y, por supuesto, sin hacer fotos. Cuando lleguéis a ellos, siempre se os acercará alguien que casualmente dirá que trabaja ahí y que os puede explicar algunas cosas. Evidentemente se trata de información a cambio de rupias. 

Las ceremonias funerarias no son muy complejas y consisten más o menos en lo siguiente: primero se envuelve el difunto en una mortaja blanca y se lo coloca sobre una camilla hecha de bambú, que se decorará con telas naranjas, flores e incienso, para llevarlo al ghat crematorio. Una vez allí se comprará la madera suficiente de distinta calidad según se lo pueda permitir la familia y se echará agua del ganges sobre el cuerpo, sobretodo en la boca. Cuando la pira esté lista, se llevará el cuerpo solo con la mortaja blanca y se le descubrirá la cara. Entonces, un miembro de la familia cercano al fallecido deberá coger una antorcha encendida con el fuego eterno, que lleva ardiendo en un templo de Shiva cercano desde hace siglos, dará 5 vueltas a la pira, simbolizando los 5 elementos del hinduismo (fuego, tierra, aire, agua y éter o espacio), y la encenderá.

En la cultura hindú, no está bien visto llorar en los ritos funerarios ya que se entiende que el cuerpo termina su existencia pero el alma continúa su viaje. Explican que por esta razón las mujeres no tienen permitido asistir. A pesar de todo, el proceso entero es bastante impactante y no es apto para todos los estómagos.

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Por la tarde fuimos en dirección norte para ver la zona que queda por encima del Dasaswamedh ghat, que tiene dos de los principales puntos de interés, el templo de Vishwanath (entrada gratuita)  y el Manikarnika ghat, el crematorio principal. Este es un templo muy venerado por los hindúes y se puede comprobar fácilmente al ver las enormes colas que hacen para entrar y los empujones que se pegan para hacer sus ofrendas y tocar el lingam de Shiva que hay en el altar principal. ¡Durante los días más sagrados se dice que pueden llegar a hacer hasta 48h de cola! Eso sí, los visitantes extranjeros no tienen que hacer cola y deben acceder por la puerta 2, pero no se puede entrar con mochila ni con ningún aparato electrónico: móviles, cámaras e incluso smartwatches deben dejarse en las taquillas de entrada. Veréis que hay mucha seguridad a raíz de un antentado que hubo hace unos años y no os dejarán entrar si no lleváis el pasaporte encima.

Muy cerca del templo podéis hacer una parada en el conocido Blue Lassi, donde sirven un lassi espectacular que rebosa de fruta, frutos secos o hasta azafrán. Ahora bien, mientras estéis tomando algo, no pararán de desfilar por delante las procesiones que llevan a los difuntos al cercano Manikarnika ghat. Aunque es muy pequeñito y suele estar bastante lleno vale la pena aunque tengáis que esperar un poco.

Después de la parada para coger fuerzas llegamos al Manikarnika ghat. Si el Harishchandra ghat, el pequeño crematorio, ya impacta, imaginaros este en el que se hacen muchísimos más ritos funerarios. Cuando la mayoría de las piras están encendidas, el aire se hace casi irrespirable de la cantidad de humo que llega a haber. Al igual que en el otro ghat crematorio, o en cualquier rito funerario del mundo, se espera respeto y prudencia por parte de cualquiera que esté cerca.

Ya al atardecer, fuimos a hacer el segundo paseo en barca desde donde atisbamos la ceremonia del fuego (aarti) que veríamos el día siguiente desde tierra y las luces de las piras en el Manikarnika ghat, el principal. 

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Bitácoras

de mochilero